Secuestradores de sueños

Por José López

A mi esposa e hijos

Fue un ruido corto y seco. Durante los primeros instantes no supe qué pensar. Miré a mi amigo Julián, quien me acompañaba en el taxi, con una expresión de duda. Su gesto de incertidumbre me dejó saber que el tampoco sabía qué pensar. Después de unos segundos, al ver la gente corriendo y el ruido de las sirenas nos dimos cuenta que algo grave había ocurrido. Fue el pasado martes 15 de mayo, pasadas las 11 AM. Estábamos a pocas cuadras de la Calle 74 y Avenida  Caracas, en Bogotá, donde un explosivo acababa de ser detonado en un atentado contra el Ex-Ministro Fernando Londoño. Tres personas murieron. Varias decenas de personas resultaron heridas. El resto de la historia todos lo conocen.

Esta semana había pensado continuar escribiendo sobre la importancia de los sueños y les confieso que dudé. Dudé mucho. Ante esta trágica situación, dudé si ése debía ser el tema de mi siguiente artículo. Dudé, como muchos dudamos, cuando sentimos el impacto feroz de la violencia, que nos revuelca el alma y nos hace hervir la sangre en las venas. Dudé, porque como muchos, por un segundo pensé que los sueños son menos importantes que la realidad, que cuando el dolor, la angustia y la duda nos invaden, debemos dejar a un lado los anhelos de nuestro corazón.

Pensé que no sería adecuado hablar de los sueños, que quizás para algunos sería ofensivo. Pensé que debía escribir algo para rendir tributo a las personas que murieron, a las familias afectadas, al país en el que muchos estamos de duelo. Incluso comencé a buscar una foto de la tragedia para ilustrar el artículo.

Sin embargo, finalmente decidí que no, que el mejor homenaje que puedo hacer a las víctimas es continuar soñando, continuar defendiendo la importancia de los sueños, porque ésa es la mejor manera de defender sus sueños. Decidí que debía ser consecuente con lo que estaba compartiendo con la comunidad en el artículo anterior: Todo lo creado por el hombre fue antes imaginado. Si doy precedencia en mi mente a pensamientos de miedo y odio, estaré contribuyendo a crear miedo y odio. Si doy precedencia en mi mente a pensamientos de amor y prosperidad, estaré contribuyendo a crear amor y prosperidad.

Si me detengo y dudo, si en lugar de hablar de sueños y esperanza hablo de odio y venganza, estaré jugando el mismo juego de los que perpetraron el asesinato, y me convertiré en otro secuestrador de sueños, porque creo firmemente que cada persona que deja de soñar se convierte en un secuestrador de sueños. Elijo no hacerlo.

Elijo ilustrar este artículo con la foto más alegre que pude encontrar de Samuel José, mi hijo menor, como símbolo del futuro que deseo. Elijo continuar soñando. Elijo continuar creando en mi mente una Colombia mejor, llena de personas responsables, prósperas y soñadoras, donde mis hijos y los tuyos puedan vivir en paz, alegría y abundancia. ¿Qué elijes tú?

Si elijes continuar soñando y defender los sueños de todos, comparte esta reflexión con tus amigos y familiares, y pídeles que, por favor, no dejen de soñar, que no se conviertan en secuestradores de sueños. Gracias de antemano.

Un abrazo,

 Jose

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4 Responses to "Secuestradores de sueños"

  • Rodolfo says:
  • Mirella Méndez Robaina says:
  • LIVIO says:
  • Juan Ignacio says:
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